En general nuestros voluntariosos frailes, sin llegar a ser
ellos mismos expertos en la lengua latina, se esforzaban, especialmente en los
primeros años, a que aparte de las declinaciones y conjugaciones, aprendiéramos
los rudimentos de la traducción y alguno de ellos, persiguiendo quizá una
motivación extra, nos proponía para el día siguiente algunas frases a traducir
que tenían, digamos, una pequeña trampa.
Recuerdo especialmente dos frases de este tipo; la primera
decía “Mater tua mala bura est” y, la
segunda, “Tu comes en Plato”.
Teníamos un compañero en clase, llamémosle Ambrosio, al que el latín le resultaba especialmente
enojoso y siempre andaba pidiendo ayuda. Y así lo hizo en relación a estas dos
frases. A la segunda de ellas, me pregunto que cómo traducir una frase que ya
estaba en español. Le hice ver que Plato
estaba escrita con mayúscula y que por tanto sería un nombre propio que
asociamos con Platón y que comes podría traducirse, una vez buscado
en el diccionario, como compañero o amigo. Y de esa manera llegamos a intuir,
como así se confirmó en la clase del día posterior, que podría traducirse más o
menos como He aquí a tu amigo Platón.
Para la primera de las frases acudió Ambrosio en demanda de
ayuda al más listo de la clase, si bien también poco amigo de ayudar a nadie, y
éste ofreció a Ambrosio la siguiente traducción: Tu madre es una mala burra. Y cuando, a la hora de la clase el
profesor preguntó quién de nosotros conocía la traducción de Mater tua mala bura est, Ambrosio levantó
el brazo el primero de todos y a continuación soltó la traducción que malintencionadamente
le había dado el listo de la clase. La risotada fue mayúscula y cuando llegó la
hora del recreo Ambrosio se lanzó sobre el listo y a punto estuvo de pasar a
mayores si no fuera por la rápida actuación de los frailes vigilantes y sus efectivos
cinturones de cuero.
Pero bueno, son hechos sin transcendencia en la historia de la humanidad, si acaso solo en la historia personal de Ambrosio.
Me referiré ahora a dos casos de “malas traducciones” que sí tuvieron, y aún la tienen, una decisiva incidencia en grandes áreas del orbe.
El primero de ellos se refiere al ámbito judeocristiano, en
concreto al tema de la virginidad de María, y sobre el mismo dice Richard Dawkins:
“Los estudiosos de la Biblia conocen bien la cuestión, que no es objeto de discusión entre ellos. La palabra hebrea en Isaías es (almah), que indiscutiblemente significa «mujer joven», sin implicación alguna de virginidad. Si hubiera pretendido hablar de una «virgen», podría haber utilizado en su lugar (bethulah) (el ambiguo término inglés “maiden” ilustra lo fácil que resulta deslizarse de un significado a otro). La «mutación» tuvo lugar cuando la versión griega precristiana conocida como Septuaginta o de los Setenta tradujo almah por parthenos, que realmente suele significar virgen. Mateo, (por supuesto, no el apóstol y contemporáneo de Jesús, sino el evangelista, que escribió mucho tiempo después) citó a Isaías en lo que parece ser un derivado de la versión de la Septuaginta (de las quince palabras griegas, todas, menos dos, son idénticas), al decir: «Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: “he aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre ‘Emmanuel’" (Mateo 1, 22).
Los estudiosos cristianos aceptan ampliamente que la
historia del nacimiento de Jesús de una virgen fue una interpolación tardía,
introducida probablemente por los discípulos de lengua griega para que quedase
constancia del cumplimiento de la (mal traducida) profecía. Las versiones
modernas, como las de la Nueva Biblia inglesa, vierten correctamente el término
correspondiente usado en Isaías por «mujer joven». Con igual corrección, conservan
el término «virgen» en Mateo, pues aquí traducen del griego”.
(Richard Dawkins, El gen egoísta. Barcelona, Salvat, 2005.
5ª edición. Traducción de Juana Robles y José Tola Alonso. Nota final nº 6, pp
343-344).
Pensemos en todo lo que se ha derivado esta “mala
traducción”, especialmente el mundo
católico: dogmas, inquisidores
condenando a herejes que no aceptaban la pretendida virginidad de la pretendida
María, hermandades, procesiones, órdenes religiosas bajo sus distintas
advocaciones… ¿Cuánto de todo esto hubiera existido si el traductor no se hubiera equivocado?
El segundo, pero no de menor importancia, también se refiere
a vírgenes (se ve que esto de los virgos
motiva sobremanera a los grandes pensadores religiosos) y en concreto a la traducción de término huríes como vírgenes, de acuerdo con la promesa hecha por Mahoma a
todos y cada uno de los fieles que accedan al paraíso, quienes, junto a la
felicidad eterna, disfrutarán de la compañía, todos y cada uno de ellos,
especialmente si son mártires, de 72 vírgenes
(huríes).
Para ponernos en antecedentes, leamos los versos 12-46 de la
Sura 56: Al-Wáqiaa (Lo Que Ha De Ocurrir), del período de la Meca
y, según toda la evidencia disponible, revelado unos siete años antes de la
hégira del Profeta.
“
[…]
(15) Estarán sobre lechos de felicidad incrustados de oro,
(16) reclinados sobre ellos, unos en frente de otros.
(17) Serán servidos por jóvenes inmortales
(18) con copas. Quizá un día, jarras y vasos llenos de un agua de manantiales puros
(19) que no nublará sus mentes ni les embriagará;
(20) y con fruta de la que elijan,
(21) y con la carne de ave que les apetezca.
(22) Y [con ellos estarán] compañeras puras, de hermosísimos ojos
(23) como perlas ocultas.
(24) [Esta será la] recompensa por lo que hicieron [en vida].
(25) No oirán allí conversaciones vanas, ni incitación al pecado,
(26) sino nuevas de paz y firmeza espiritual.
(27) Y los que han alcanzado la rectitud --¿qué será de los que han alcanzado la rectitud?
(28) [Se hallarán, también,] entre azufaifos cargados de fruta,
(29) y acacias en flor,
(30) y una extensa umbría,
(31) y aguas que brotan,
(32) y fruta en abundancia,
(33) que no se agotará ni será difícil de alcanzar.
(34) Y [con ellos estarán sus] esposas, elevadas [en dignidad]:
(35) pues, ciertamente, las habremos creado perfectas,
(36) resucitándolas como vírgenes;
(37) afectuosas, afines en todo
(38) a los que han alcanzado la rectitud:
(39) habrá muchos de los primeros tiempos,
(40) y muchos de los últimos tiempos.
(41) Pero los que han perseverado en el mal --¿qué será de los que han perseverado en el mal?
(42) [Se hallarán] entre vientos abrasadores, y ardiente desesperación,
(43) bajo una sombra de humo negro,
(44) ni fresca ni agradable.
(45) Pues, ciertamente, antes solían entregarse por entero a la búsqueda de placeres,
(46) y persistieron en el enorme pecado,
(47) y solían decir: "¡Cómo! –cuando hayamos muerto y seamos ya polvo y huesos, ¿seremos, de verdad, resucitados?".
[…]
(15) Estarán sobre lechos de felicidad incrustados de oro,
(16) reclinados sobre ellos, unos en frente de otros.
(17) Serán servidos por jóvenes inmortales
(18) con copas. Quizá un día, jarras y vasos llenos de un agua de manantiales puros
(19) que no nublará sus mentes ni les embriagará;
(20) y con fruta de la que elijan,
(21) y con la carne de ave que les apetezca.
(22) Y [con ellos estarán] compañeras puras, de hermosísimos ojos
(23) como perlas ocultas.
(24) [Esta será la] recompensa por lo que hicieron [en vida].
(25) No oirán allí conversaciones vanas, ni incitación al pecado,
(26) sino nuevas de paz y firmeza espiritual.
(27) Y los que han alcanzado la rectitud --¿qué será de los que han alcanzado la rectitud?
(28) [Se hallarán, también,] entre azufaifos cargados de fruta,
(29) y acacias en flor,
(30) y una extensa umbría,
(31) y aguas que brotan,
(32) y fruta en abundancia,
(33) que no se agotará ni será difícil de alcanzar.
(34) Y [con ellos estarán sus] esposas, elevadas [en dignidad]:
(35) pues, ciertamente, las habremos creado perfectas,
(36) resucitándolas como vírgenes;
(37) afectuosas, afines en todo
(38) a los que han alcanzado la rectitud:
(39) habrá muchos de los primeros tiempos,
(40) y muchos de los últimos tiempos.
(41) Pero los que han perseverado en el mal --¿qué será de los que han perseverado en el mal?
(42) [Se hallarán] entre vientos abrasadores, y ardiente desesperación,
(43) bajo una sombra de humo negro,
(44) ni fresca ni agradable.
(45) Pues, ciertamente, antes solían entregarse por entero a la búsqueda de placeres,
(46) y persistieron en el enorme pecado,
(47) y solían decir: "¡Cómo! –cuando hayamos muerto y seamos ya polvo y huesos, ¿seremos, de verdad, resucitados?".
Los placeres sensuales que esperan a los fieles en el Paraíso
son gráficamente descritos por Al-Suyuti
(m. 1505), comentarista del Corán y erudito en los siguientes términos:
"Cada vez que dormimos con una hurí la encontramos
virgen. Además, el pene de los elegidos nunca se pone blando. La erección es
eterna; la sensación que sientes cada vez que haces el amor es absolutamente
deliciosa y fuera de este mundo y si la tuvieras en este mundo, te haría
desmayar. Cada uno de los elegidos [es decir, los musulmanes] se casará con
setenta [sic] huríes, además de con las mujeres con las se casó en la tierra, y
todas ellas tendrán apetecibles vaginas. "
Volviendo a Richard
Dawkins:
“El único competidor para el título de campeón de las malas traducciones de todos los tiempos también se refiere a las vírgenes. lbn Warraq ha argüido con humor que en la famosa promesa de las setenta y dos vírgenes para cada mártir musulmán, “Virgen” es una mala traducción de «uvas pasas de claridad cristalina». Ahora bien, si solo conocemos a los más famosos, ¿cuántas víctimas inocentes de misiones suicidas podrían haberse salvado? [lbn Warraq, «¿Vírgenes?, ¿qué vírgenes?»,”(Islam Watch: Virgins? What Virgins?”) Free Inquiry 26: 45-46 (enero de 2006)]”.
(Richard Dawkins, El espejismo de Dios. Madrid, Espasa Calpe, 2009. Traducción de Regina Hernández Weigand. Nota a pie de página nº 8, p. 108.)
En el artículo de Ibn Warraq se
cita uno de los libros más fascinantes jamás escrito sobre la lengua del Corán,
el del alemán Christoph Luxenberg, Die siro-Aramaische Lesart des Corán,
sólo disponible en alemán, quien trata de demostrar que muchos de los puntos
oscuros del Corán desaparecen si leemos ciertas palabras del mismo como
procedentes del siríaco y no como procedentes del árabe.
El análisis realizado por Luxenberg, apoyándose en los Himnos de Efrén el Sirio, propone traducir “huríes” como "pasas de uva blanca" de "la claridad del cristal" en lugar de como vírgenes de ojos negros, siempre dispuestas.
Luxenberg afirma que el contexto deja claro que se trata de comida y bebidas frías que los elegidos degustarán en el paraíso, en lugar de inmaculadas doncellas.
Alguien debería avisar de estos
extremos a tantos fieles dispuestos a ir al martirio para acceder a las
promesas del profeta en el paraíso.
Otro artículo
de Ibn Warraq
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