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viernes, 28 de abril de 2017

Algunas notas reencontradas


Reordenando cosillas en casa me encontré con unas fichas con anotaciones sobre algunas lecturas, en este caso, en su mayoría,  de un contundente libro denominado Opus Diaboli  y que lleva por subtítulo Catorce ensayos irreconciliables sobre el trabajo en la viña del Señor (¿a que ya indica por dónde va?). Su autor es Karlheinz Deschner y fue publicado en español por YALDE S.L. Antes que perderlas he considerado oportuno recogerlas aquí, sin ánimo alguno beligerante:

1.      Las matrículas de los coches del estado vaticano llevan las letras SCV (Stato Cittá Vaticano). Los italianos con esa mordacidad que les caracteriza, a su paso leen: ¡Se Christo Vedesse!

2.      Pio X, en lecho de muerte: “Creo que aquí se acaba todo”. León XIII, en idéntica situación, le refrendaba: “Se aproxima la catástrofe”.

3.      “No todos los ‘herejes’ eran quemados. A los arrepentidos se les aplicó la gracia. Se les flagelaba los domingos durante la misa […]. En procesiones se les azotaba a cada estación. A veces se les llevaba en trailla y desnudos por las calles antes de flagelarlos ante los altares […] A otros arrepentidos se les llevaba al “muro”. Se les infligía la pena del murus largus, una privación de libertad relativamente suave, o del murus strictus, en cuyo caso las víctimas eran encerradas en calabozos sin ventanas – según decreto papal lo más estrecho y oscuro posible- y fijadas de por vida con grilletes en pies y manos al muro.  […] Más atroz aún era el murus strictisimus, sobre el que los archivos de la Inquisición mantuvieron, por cierto, un mutismo total” (Opus Diaboli, p. 37).

4.      Juramento frecuente entre los católicos en s. XIII: “¡No soy hereje, pues tengo esposa y duermo con ella. Tengo niños y como carne, miento, juro y soy cristiano creyente. Pongo a Dios por testigo!” (op. cit., pp. 37-38)

5.      En el año 1145, en la cruzada contra los vendos, se seguía el siguiente lema: “Quien no se deje bautizar, debe morir” (op. cit. P. 39).

6.      Tras la II Guerra Mundial, el teólogo protestante Thielicke nos instruye así: “Los cristianos que sirven en la guerra bajo la mirada de Dios han entendido siempre el menester de matar como un ejercicio en nombre del amor”. Y su colega Künneth no se queda atrás cuando, trece años después de la bomba atómica sobre Hiroshima, declara: “Hasta las bombas atómicas pueden obrar al servicio del amor al prójimo”.

7.      El cluniacense Hildebrand, posteriormente Gregorio VII, tenía como sentencia favorita: “Maldito sea el hombre que se retraiga de derramar sangre con su espada”. [Op. cit. P. 26)

8.      Fórmula contra las brujas: “El tormento te ha de dejar tan flaca que el sol pueda brillar a través tuya” (Op. cit. P. 43)

9.      “Por doquier se liquida a las mujeres, como lo cuentan las crónicas cristianas se las ‘cauteriza’, se las ‘limpia’. Habiendo despachado y ejecutado a la casi totalidad de las viejas -informa en 1582 el Landgrave Jorge de Darmstadt a su embajador ante la Dieta Imperial de Ausburgo- ahora les llega el turno a las jóvenes. […] Después de matar a aquellos desventurados, el clero les robaba su patrimonio, lo que no pocas veces constituía el verdadero motivo de muchos procesos contra herejes y brujas” (Op. cit., p. 44)

10.   “¡Oh pastores y archipastores! ‘Apacienta mis ovejas’. ¡Qué hermoso suena! Pero “planteaos -escribió Th. Lessing-  […] cuáles son las metas y los motivos por los que el buen pastor se toma el cuidado de mantener despreocupadas a sus ovejas. Primero, para esquilarlas. En segundo lugar, para comérselas”. (op. cit. P. 90)

11.   Algunas curiosidades: existencia de Cofradías del Santo Prepucio (se veneran cientos de prepucios verdaderos de Cristo en otros tantos lugares del orbe católico); en Francia a los falos artificiales se les denominaba (¿por qué será?) bijeoux de religiouse (alhajas de religiosa); la disciplina secundus sub; una máxima sobre la castidad: “Si non caste, caute” ; una prolija relación de modos de realizar el sexo: facies ad faciem, coitus extra vas naturale, coire cum femina mortua… (por citar algunas).

Pido perdón por tanto agobio.

Por fortuna encontré también este poema, naturalmente no del libro anterior, del poeta cordobés Yahyá Bagi (fallecido en 1145):

“Cuando la noche arrastraba su cola de sombra, le di de beber vino oscuro y espeso como el almizcle en polvo que se sorbe por las narices.

La estreché como estrecha el valiente su espada y sus trenzas eran como tahalíes que pendían de mis hombros. Hasta que, cuando la rindió la dulce pesadez del sueño, la aparté de mí, a quien estaba abrazada. ¡La alejé del costado que amaba, para que no durmiera sobre una almohada palpitante!” (Traducción de Emilio García Gómez).



Pues… eso.