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martes, 16 de diciembre de 2014

Imprecación a Dios

Hay veces en que uno no puede resirtirse a dejar constancia de algún texto leído, como este:
Una imprecación a Dios del devenido a rebelde e incrédulo Andreas Pum

"De mi devota humildad he despertado a la roja y rebelde obstinación. Te negaría, Dios, si estuviese vivo y no me hallase en presencia tuya. Pero ya que te veo con mis ojos y te oigo con mis oídos tengo que hacer algo peor que negarte: ¡tengo que blasfemar de ti! En tu fértil insensatez, concibes millones de seres iguales a mí; crecen, crédulos y sumisos, soportan los golpes en tu nombre, saludan a emperadores, reyes y gobiernos en tu nombre, dejan que las balas penetren en su cuerpo y les produzcan purulentas heridas, se dejan atravesar el corazón por bayonetas de tres filos, o se deslizan bajo el yugo de tus días llenos de trabajos; fiestas dominicales, soleadas y amargas, enmarcan con pobre esplendor sus horribles semanas; padecen hambre y callan, sus hijos se agostan, sus mujeres se vuelven falsas y feas, las leyes proliferan como zarzales traicioneros en sus caminos, sus pies se enzarzan en la maleza de tus mandamientos; caen y te imploran, y tú no los levantas. Tus blancas manos deberían ser rojas. Tu rostro de piedra debería crisparse, tu cuerpo erguido debería doblarse como los cuerpos de mis camaradas heridos en la columna vertebral. Otros, a quienes tú amas y alimentas, tienen permiso para azotarnos y ni siquiera se ven obligados a ensalzarte. A ellos los eximes de las leyes y de los sacrificios, de la honradez y la humildad, para que nos engañen. Nosotros arrastramos el peso de su riqueza y de sus cuerpos, de sus pecados y castigos; los libramos del dolor y de los pecados, de sus culpas y crímenes; nos asesinamos a nosotros mismos, sólo con que ellos lo deseen; quieren ver inválidos y nosotros perdemos nuestras piernas; quieren ver ciegos, y nosotros nos dejamos cegar; quieren que no los oigamos, y nosotros nos quedamos sordos; quieren ser ellos solos a gustar ya oler, y nosotros arrojamos granadas contra nuestras narices y bocas; sólo ellos quieren comer, y nosotros molemos la harina. ¿Y tú existes y no mueves ni un dedo? Contra ti me rebelo, no contra ellos. Tú eres culpable, no tus esbirros. ¿Tienes millones de mundos y no sabes qué hacer? ¡Qué impotente es tu omnipotencia! ¿Tienes miles de millones de asuntos entre manos y no aciertas a resolver uno solo? ¿Qué clase de Dios eres tú? ¿Es tu crueldad una sabiduría que no entendemos? ¡Tan defectuosos nos has creado! Si hemos de sufrir, ¿por qué no sufrimos todos lo mismo? ¡Si no tienes bastantes bendiciones para todos, repártelas equitativamente! ¡Si soy un pecador... mi intención era obrar bien! ¿Por qué no me dejaste alimentar a los pajarillos? Si tú mismo los alimentas, lo haces mal. Ah, yo quería y podía negarte. Pero estás ahí, único, todopoderoso, inexorable, la instancia suprema, eterno... y no hay esperanza de que te alcance el castigo, de que la muerte te disipe y te convierta en una nube, de que tu corazón despierte. ¡No quiero tu misericordia! ¡Mándame al infierno!" (Joseph Roth, La rebelión. Barcelona, Acantilado, 2008. Pp. 146-148)
[Nota personal: ¡Como no recordar ese otro libro leído, de otro maldito judío, Yósel Rákover, cuyo testamento fue encontrado en las ruinas del gueto de Varsovia, “bajo montones de piedras y huesos humanos calcinados, escondido y oculto en una pequeña botella”, escrito el 28 de abril de 1943, horas antes de perecer destrozado en ese gueto! (Zvi, Koliztz, Yósel Rákover apela a Dios, Barcelona, Galaxia de Gutemberg, 2001)]

sábado, 13 de diciembre de 2014


La censura sigue existiendo en el siglo XXI


Que sí, que es verdad. La censura sigue existiendo aún en este país que ya ha salido de la crisis, como repetidamente anuncia exultante nuestro alegre y comunicativo presidente y todo el coro gubernamental y algunos solistas del partido popular.
La censura existe. Muchos esperábamos la anunciada e inminente aparición del ensayo El cura y los mandarines, de Gregorio Morán. Todo estaba preparado: las galeradas, las pruebas de impresión, la fecha prevista de salida: primero, en abril; después, en los albores del otoño. Pero once páginas (como los cinco puñales que asesinaron a Antoñito Torres Heredia, "hijo y nieto de Camborios", en el inmortal poema de Lorca), "once malditas páginas", según palabras del gran pope-empresario de la edición, don José Manuel Lara, propietario del grupo Planeta, no gustaron a algunos miembros de nuestra RAE, especialmente a su expresidente y actual director del Instituto Cervantes, el honorable Víctor García de la Concha, y el bien del negocio exigía un terrible y hamletiano dilema: la supresión de las "once malditas páginas" (11, ni una más ni una menos) o la no publicación del libro ya engendrado y a punto de nacer. El autor ("Ser o no ser, he aquí la cuestión", pensó Morán) se negó a quitarlas y el libro no saldrá, al menos en Crítica, la editorial prevista. La pasta es la pasta. No olvidemos que Planeta, propiedad de Lara, es quien publica el Diccionario de la Real Academia (acaba de publicar la última edición del mismo) y eso da mucho dinero a algunos.
Afortunadamente otra editorial, previsiblemente AKAL, se hará cargo de sacar, aunque se necesiten forceps, a este aún nonnato ensayo del infierno al que algunos censores quisieron arrojarlo.
Felicidades a todos: acabamos de salir definitivamente de la crisis. ¡A gastar, a comer y beber como cosacos!