Reordenando cosillas en casa me
encontré con unas fichas con anotaciones sobre algunas lecturas, en este caso,
en su mayoría, de un contundente libro
denominado Opus Diaboli y que lleva por subtítulo Catorce ensayos irreconciliables sobre el
trabajo en la viña del Señor (¿a que ya indica por dónde va?). Su autor es
Karlheinz Deschner y fue publicado en español por YALDE S.L. Antes que
perderlas he considerado oportuno recogerlas aquí, sin ánimo alguno
beligerante:
1.
Las matrículas de los coches del estado vaticano
llevan las letras SCV (Stato Cittá Vaticano). Los italianos con esa mordacidad
que les caracteriza, a su paso leen: ¡Se Christo Vedesse!
2.
Pio X, en lecho de muerte: “Creo que aquí se acaba todo”. León XIII, en idéntica situación, le
refrendaba: “Se aproxima la catástrofe”.
3.
“No todos los ‘herejes’ eran quemados. A los arrepentidos
se les aplicó la gracia. Se les flagelaba los domingos durante la misa […]. En
procesiones se les azotaba a cada estación. A veces se les llevaba en trailla y
desnudos por las calles antes de flagelarlos ante los altares […] A otros
arrepentidos se les llevaba al “muro”. Se les infligía la pena del murus largus, una privación de libertad
relativamente suave, o del murus strictus,
en cuyo caso las víctimas eran encerradas en calabozos sin ventanas – según decreto
papal lo más estrecho y oscuro posible- y fijadas de por vida con grilletes en
pies y manos al muro. […] Más atroz aún
era el murus strictisimus, sobre el
que los archivos de la Inquisición mantuvieron, por cierto, un mutismo total” (Opus Diaboli, p. 37).
4.
Juramento frecuente entre los católicos en s.
XIII: “¡No soy hereje, pues tengo esposa
y duermo con ella. Tengo niños y como carne, miento, juro y soy cristiano
creyente. Pongo a Dios por testigo!” (op.
cit., pp. 37-38)
5.
En el año 1145, en la cruzada contra los vendos,
se seguía el siguiente lema: “Quien no se
deje bautizar, debe morir” (op. cit.
P. 39).
6.
Tras la II Guerra Mundial, el teólogo protestante
Thielicke nos instruye así: “Los cristianos
que sirven en la guerra bajo la mirada de Dios han entendido siempre el
menester de matar como un ejercicio en nombre del amor”. Y su colega Künneth
no se queda atrás cuando, trece años después de la bomba atómica sobre
Hiroshima, declara: “Hasta las bombas
atómicas pueden obrar al servicio del amor al prójimo”.
7.
El cluniacense Hildebrand, posteriormente
Gregorio VII, tenía como sentencia favorita: “Maldito sea el hombre que se retraiga de derramar sangre con su espada”.
[Op. cit. P. 26)
8.
Fórmula contra las brujas: “El tormento te ha de dejar tan flaca que el sol pueda brillar a través
tuya” (Op. cit. P. 43)
9.
“Por
doquier se liquida a las mujeres, como lo cuentan las crónicas cristianas se las
‘cauteriza’, se las ‘limpia’. Habiendo despachado y ejecutado a la casi
totalidad de las viejas -informa en 1582 el Landgrave Jorge de Darmstadt a
su embajador ante la Dieta Imperial de Ausburgo- ahora les llega el turno a las jóvenes. […] Después de matar a
aquellos desventurados, el clero les robaba su patrimonio, lo que no pocas
veces constituía el verdadero motivo de muchos procesos contra herejes y brujas”
(Op. cit., p. 44)
10.
“¡Oh pastores y archipastores! ‘Apacienta mis
ovejas’. ¡Qué hermoso suena! Pero “planteaos -escribió Th. Lessing- […] cuáles son las metas y los motivos por los
que el buen pastor se toma el cuidado de mantener despreocupadas a sus ovejas.
Primero, para esquilarlas. En segundo lugar, para comérselas”. (op. cit. P. 90)
11.
Algunas curiosidades: existencia de Cofradías
del Santo Prepucio (se veneran cientos de prepucios verdaderos de Cristo en
otros tantos lugares del orbe católico); en Francia a los falos artificiales se
les denominaba (¿por qué será?) bijeoux
de religiouse (alhajas de religiosa); la disciplina secundus sub; una máxima sobre la castidad: “Si non caste, caute” ; una prolija
relación de modos de realizar el sexo: facies
ad faciem, coitus extra vas naturale,
coire cum femina mortua… (por citar
algunas).
Pido perdón por tanto agobio.
Por fortuna encontré también este
poema, naturalmente no del libro anterior, del poeta cordobés Yahyá Bagi
(fallecido en 1145):
“Cuando la noche arrastraba su cola de sombra, le di de beber vino
oscuro y espeso como el almizcle en polvo que se sorbe por las narices.
La estreché como estrecha el valiente su espada y sus trenzas eran como
tahalíes que pendían de mis hombros. Hasta que, cuando la rindió la dulce
pesadez del sueño, la aparté de mí, a quien estaba abrazada. ¡La alejé del
costado que amaba, para que no durmiera sobre una almohada palpitante!” (Traducción
de Emilio García Gómez).
Pues… eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario