La censura sigue existiendo en el siglo XXI
Que sí, que es verdad. La censura sigue existiendo aún en
este país que ya ha salido de la crisis, como repetidamente anuncia exultante
nuestro alegre y comunicativo presidente y todo el coro gubernamental y algunos
solistas del partido popular.
La censura existe. Muchos esperábamos la anunciada e
inminente aparición del ensayo El cura y
los mandarines, de Gregorio Morán.
Todo estaba preparado: las galeradas, las pruebas de impresión, la fecha
prevista de salida: primero, en abril; después, en los albores del otoño. Pero
once páginas (como los cinco puñales que asesinaron a Antoñito Torres Heredia,
"hijo y nieto de Camborios", en el inmortal poema de Lorca), "once malditas páginas", según
palabras del gran pope-empresario de la edición, don José Manuel Lara,
propietario del grupo Planeta, no gustaron a algunos miembros de nuestra RAE,
especialmente a su expresidente y actual director del Instituto Cervantes, el
honorable Víctor García de la Concha, y el bien del negocio exigía un terrible
y hamletiano dilema: la supresión de las "once
malditas páginas" (11, ni una más ni una menos) o la no publicación
del libro ya engendrado y a punto de nacer. El autor ("Ser o no ser, he aquí la cuestión", pensó Morán) se negó
a quitarlas y el libro no saldrá, al menos en Crítica, la editorial prevista.
La pasta es la pasta. No olvidemos que Planeta, propiedad de Lara, es quien
publica el Diccionario de la Real Academia (acaba de publicar la última edición
del mismo) y eso da mucho dinero a algunos.
Afortunadamente otra editorial, previsiblemente AKAL, se
hará cargo de sacar, aunque se necesiten forceps, a este aún nonnato ensayo del
infierno al que algunos censores quisieron arrojarlo.
Felicidades a todos:
acabamos de salir definitivamente de la crisis. ¡A gastar, a comer y beber como
cosacos!
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