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jueves, 21 de marzo de 2013

El poder de la oración


El poder de la oración

A quien haya dudado en alguna ocasión del enorme poder de la oración puede que lo que a continuación se expone no le descubra nada nuevo, pero me propongo dejar constancia de un experimento científico (El Gran Experimento de la Oración) llevado a cabo por el físico y creyente Russel Stannard, bajo el patrocinio de la norteamericana (¡cómo no!) Fundación Templenton, destinado a probar experimentalmente que rezar por los enfermos mejora su salud.

Antes de empezar:

La descripción y los resultados de este experimento los encuentro descritos en el libro de Richard Dawkins El espejismo de Dios (The God Delusion, en su título original), publicado en 2009 por Espasa Calpe, en su colección Booket, pp. 72 y ss.

¿Qué quién es Richard Dawkins? Pues, según reza su biografía, se trata del titular de la cátedra Charles Simonyi de la facultad de Conocimiento Público de la Ciencia de la Universidad de Oxford. Pero, cuidado, según se puede leer en la contraportada del libro mencionado, este señor está considerado como el más notable ateo mundial y, este comentario es mío, de los ateos ya se sabe lo que se puede esperar.

Y ahora el experimento:

Director del experimento: el doctor H. Benson, eminente cardiólogo del Mind/Body Medical Institute, cercano  a Boston.

Coste: 2,4 millones de dólares, financiados por la Fundación Templenton.

Hipótesis a probar experimentalmente: rezar por los enfermos mejora la salud, o, en lenguaje más científico, probar los efectos terapéuticos de la oración intercesora en enfermos cardíacos (artículo con ese título publicado por H. Benson y otros en American Heart Journal 151: 4, 2006, pp. 934-942).

Método utilizado: doble-ciego, según el cual los pacientes son asignados, al azar, a uno de los siguientes grupos:

Grupo 1: pacientes que recibían oraciones y no lo sabían.
Grupo 2 (de control): no recibían oraciones y no lo sabían.
Grupo 3: recibían oraciones y lo sabían.

Nadie más, ni el resto de pacientes, ni sus médicos o cuidadores, ni siquiera quienes llevaban a cabo el experimento conocían de antemano a los integrantes de los grupos.

Participantes: 1.802 pacientes de seis hospitales, a todos los cuales se les habían practicado cirugía cardíaca para implantarles un bypass.

El grupo de rezadores fue aportado por distintas congregaciones religiosas, todas ellas alejadas de los hospitales en los que se llevaba a cabo la prueba, y entre las pocas indicaciones y datos que se les proporcionaron figuraban el nombre y letra inicial del apellido de paciente por el que cada uno de ellos debía interceder  y, a fin de estandarizar al máximo los formatos, la exigencia de que incluyeran en sus plegarias la frase “por una cirugía de éxito con rápida y saludable recuperación y sin complicaciones”.

Resultados:

(Publicados en el mencionado número de American Heart Journal)

·         Ninguna diferencia en  la evolución de los enfermos que no sabían que se rezaba por ellos (grupo 1) y aquellos por los que no se rezaba (grupo 2).

·         Notables diferencias entre los grupos 1 y 2 y el 3, el compuesto por aquellos enfermos que sabían que se estaba rezando por ellos: los pacientes de este grupo sufrieron muchas más complicaciones que el resto de los pacientes objeto del experimento, parece que debido a un “estrés adicional”, consecuencia probable de lo que uno de los investigadores,  el doctor Charles Bethea, llamó “ansiedad de funcionamiento”, consecuencia directa de haberse preguntado algo así como “¿estoy tan enfermo que tienen que incluirme en las oraciones de su grupo?”.

Consecuencias:

Parece probable que en una sociedad especialmente litigiosa como la norteamericana los pacientes que sufrieron mayores complicaciones cardíacas al saber se estaba rezando por ellos, se agrupen para presentar una querella contra la Fundación Templeton.

Y, añado yo, ¿no sería correcto que los rezadores presentaran otra querella, ya sea conjunta o a título individual, contra Dios por haber hecho caso omiso a sus preces intercesoras? Mi amigo Pablo, que se las da de experto en estos temas, dice que no ha lugar querella alguna, porque Dios, a su incontable relación de Sumas Cualidades, añade la de Sumo Irresponsable y, por ende, no cabe formularle exigencia alguna ni en este ni en cualquier otro  caso.

 

 

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